Dieciséis meses...Como celebración de este tiempo que llevamos juntas, me propongo hacerme un regalo a mi misma metiendome a fondo y ordenando mi cajón de los recuerdos. Esos recuerdos que llenan huecos, que hacen más llevaderos los días de ausencia y que provocan risas y lágrimas de emoción aún sin proponerselo. Recuerdos que no se olvidan, que no desaparecen aún cuando se van viendo acompañados de otros muchos que, también quieren ocupar su lugar. Pero ellos son disciplinados, organizados y saben que, como todo en la vida, existe una jerarquia que no se pueden saltar.
Y así, visitan primero al guardian de los recuerdos. Un tipo alegre, dicharachero, optimista y guasón que se encarga de clasificar y mantener ordenado siempre, esa parcelita que le han asignado.
Por ahí aparecen los recuerds que llegan con mala cara, los que no sonrien, los que quieren contagiar a los demás con su pesimismo, los que van arrastrando los pies y caminan despacio para permanecer más tiempo fuera y seguir siendo los protagonistas de escenas tristes y dolorosas. Y ahí el guardin es impecable, riguroso y, por una vez, serio, para encerrarles bajo llave y no darles la posibilidad de salir más.
Cuando tiramos de ese cajón y lo abrimos, nos encontramos a todos ellos perfectamente colocados y dispuestos. Deseosos de salir de su encierro para correr hacia el refugio de las risas y las ilusiones y rapidamente derramarlas para alejar cualquier otro pensamiento que podamos tener. Quieren ser los protagonistas y saben que cuando se abre ese cajón, es el momento de serlo. Esperan su turno, pacientes, obedientes, aceptando esa jerarquía que establecen los veteranos, los importantes, los que tienen más experiencia en esas "excursiones", los que saben que tienen el favoritismo de ese "guardian" que les da un trato diferente a los demas.
Otras veces, todos esos recuerdos, en alianza, se conjuran y se ponen de acuerdo para a abrir ese cajón sin permiso, para salir y burlarse,por una vez, del tipo guasón que les matiene encerrados, el que siempre les ordena. Ahí es cuando la jerarquía no existe, cuando todos tienen el mismo valor y la misma importancia, cuando salen a esparcir aquello de lo que cada uno va cargado; recuerdos que nos hacen sonreir, que nos ponen nostálgicos, que nos dan alegría, que nos llenan de ilusión, de deseos...Son esos momentos en los que saltamos de momentos vividos a otros momentos vividos, de fechas a fechas, de sensación a sensación sin mucho orden cronológico, con un ritmo alocado.
Así es como hoy me asomo a ese rinconcito y saludo a mi guardián, le sonrío y sólo con mirarme, ya sabe lo que quiero y que recuerdo tiene que sacar del cajón. Tira de él, manda callar a los demás y sonriendo le hace un guiño a uno de sus preferidos. Un recuerdo veterano, con experiencia en estas salidas nocturnas, mandón porque siempre quiere salir, protagonista y uno de los que mas cargado va de sonrisas, de ilusiones, de deseos, de valentía y de valor.
Me saluda, le saludo y comienza su carrera para complacerme. Y mientras estoy sentada en esta silla, mientras me refugio en mi habitación, con el sonido del silencio acompañándome, te veo a ti en una tarde de Noviembre, bajando de ese coche azul que me espera cerca de casa, sonriéndome, abrazándome y recibiendo tu primera mirada que me descolocó, que me golpeó fuerte y que me sigue golpeando cada vez que te tengo frente a mí.
Me dejo llevar, y puedo verte claramente, recordando como seguia tus movimientos mientras conducías, mientras me hablabas, mientras nos tomabamos esas cervezas que fueron nuestras primeras cervezas juntas...y voy notando que el recuerdo hace su efecto y que sonrio, que me alegro muchisimo de que ese dia lo hicieramos posible, que fue el comienzo de algo tremendamente bonito que tenemos que seguir disfrutando.
Y con esta sonrisa te digo que Felices dieciséis meses, que gracias por estar ahí y que te amo.
martes, 20 de octubre de 2009
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