
Desayuno atípico a las siete de la mañana. Frío que se cuela por la ropa y que llega pronto al cuerpo. Abrazos tuyos que me dan calor y una sensación de bienestar provocada por esta posibilidad que tengo de acompañarte antes de que te vayas. Sé que en pocas horas volveré a verte y me gusta disfrutar de una despedida así, por primera vez.
Vuelvo a la habitación y aún la cama guarda el calor de tu cuerpo, las sábanas tu último movimiento antes de levantarte, la almohada guarda tu olor para ofrecermelo en cuanto me tumbo. Mi mano acaricia esas sábanas que hasta hace pocos minutos te han arropado. Acaricio un hueco, el hueco de tu cuerpo, como si todavía estuvieras ahí.
Me muevo hasta ocupar tu sitio para impregnarme de ti y quiero dejarme dormir así. Cierro los ojos y suspiro. Me encantas, con esa idea en la cabeza me quedo dormida.
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario