miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA IMPACIENCIA

La paciencia se agota aunque no se quiera, y cuando te das cuenta de que te va quedando poca, de que la reserva está llegando a su fin, buscas desesperadamente soluciones a ese problema. Las soluciones pueden ser varias y varias pueden ser las veces que se desechan. Y ahí es cuando empieza un baile frenético de ideas y de pensamientos que te pueden llevar a pasar toda una noche sin dormir, todo una mañana sin descansar la cabeza y todo un día sin parar y sin poder concentrarte en otra cosa que no sea buscar una solución a esa impaciencia que aparece como nueva compañera.

Piensas una cosa y no vale, piensas otra y vale menos, vuelves a pensar la primera y le ves más pegas que antes, piensas en una tercera que nada tiene que ver con la primera y la segunda y así se van pasando las horas y así aparece el cansancio, y así se va hasta Morfeo en busca de otra persona más dispuesta a recibirle en la noche.

Idas y venidas y otra vez a la ida. Paciencia que se agota y que deja paso a una impaciencia que te recorre las venas y te altera, que intentas alejar pero regresa, que quieres dar esquinazo pero vuelve a aparecer, que quieres borrar pero parece imborrable.

Menos mal, que siempre hay algo, una frase, una mirada, un recuerdo, una conversación que llega a tiempo de limpiar esos pensamientos locos, esas idas y venidas, esa impaciencia absurda que desaparece cuando la calma y la tranquilidad se dejan hacer notar.

Gracias por lograr traerme la calma y la tranquilidad necesaria para llenar mi mochila de una paciencia infinita. TE quiero.

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